Feria del tiempo de Navidad
Antífona de Entrada
En el principio y antes de todos los siglos, el que es la Palabra era Dios, el mismo que luego se dignó nacer como salvador del mundo.
Oración Colecta
Señor, Dios nuestro, que iniciaste admirablemente la obra de la redención con el nacimiento de tu Hijo, fortalece en nosotros la fe, para que, siguiendo sus enseñanzas, podamos alcanzar la prometida recompensa de la gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Estamos seguros de haber pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 11-21
Hermanos: Este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio: que nos amemos los unos a los otros, no como Caín, que era del demonio, y por eso mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus propias obras eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas. No se sorprendan, hermanos, de que el mundo los odie. Nosotros estamos seguros de haber pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida y bien saben ustedes que ningún homicida tiene la vida eterna. Conocemos lo que es el amor, en que Cristo dio su vida por nosotros. Así también debemos nosotros dar la vida por nuestros hermanos. Si alguno, teniendo con qué vivir, ve a su hermano pasar necesidad, y, sin embargo, no lo ayuda, ¿cómo habitará el amor de Dios en él? Hijos míos, no amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las obras. En esto conoceremos que somos de la verdad, y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 99
Alabemos a Dios, todos los hombres.
Alabemos a Dios, todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo.
Alabemos a Dios, todos los hombres.
Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.
Alabemos a Dios, todos los hombres.
Entremos por sus puertas dando gracias, crucemos por sus atrios entre himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo.
Alabemos a Dios, todos los hombres.
Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba.
Alabemos a Dios, todos los hombres.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Un día sagrado ha brillado para nosotros. Vengan, naciones, y adoren al Señor, porque hoy ha descendido una gran luz sobre la tierra.
Aleluya.
Evangelio
Tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 43-51
En aquel tiempo, determinó Jesús ir a Galilea, y encontrándose a Felipe le dijo: “Sígueme”. Felipe era de Betsaida, la tierra de Andrés y de Pedro. Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”. Natanael replicó: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”. Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, las ofrendas, que te presentamos para esta Eucaristía, en la que se realiza un glorioso intercambio a fin de que, al ofrecerte tus propios dones, podamos recibirte a ti mismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Antífona de la Comunión
Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Oración después de la Comunión
Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia de estos sacramentos fortalezca cada día más nuestra vida cristiana.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Reflexión sobre el evangelio
«Sígueme» es el término usual de Jesús para llamar a sus discípulos. En vida de Jesús la invitación a seguirle implicaba acompañarle en su ministerio público, escuchar su doctrina, imitar su modo de vida… Una vez que el Señor subió a los Cielos, el seguimiento no es ya, evidentemente un acompañamiento físico por los caminos de Palestina, sino que «el cristiano debe vivir según la vida de Cristo, haciendo suyos los sentimientos de Cristo, de manera que pueda exclamar con san Pablo, ‘non vivo ego, vivit vero in me Christus’ (Gal 2,20), no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 103). En cualquier caso, la invitación del Señor comporta siempre un ponerse en camino; es decir, la exigencia de una vida de esfuerzo y de lucha por cumplir en cada momento la Voluntad divina, aunque requiera una entrega abnegada y generosa.
Meditación
La fe de los magos
I. Nacido Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de oriente a Jerusalén (Mt 2, 1). Estos tres sabios que estudiaban el firmamento, en cuanto vieron una estrella grande y maravillosa se pusieron en camino. Dejaron familia, comodidad y bienes. No les debió ser fácil explicar el motivo de su viaje, que tuvo que ser largo y difícil. Estos hombres decididos y sin respetos humanos nos enseñan lo que hemos de hacer para llegar a Jesús, dejando a un lado todo lo que pueda desviarnos y retrasarnos del camino. También nosotros hemos visto una estrella en la intimidad del corazón, que nos invita al desprendimiento de las cosas que nos atan y a vencer cualquier respeto humano que nos impida llegar a Jesús. Pidamos con la Iglesia a Dios nuestro Padre: Tú, que iluminaste a los sabios de oriente y les encaminaste para que adoraran a tu Hijo, ilumina nuestra fe y acepta la ofrenda de nuestra oración (Vísperas de la Epifanía, Preces).
II. Los Magos debieron pasar por malos caminos y dormir en lugares incómodos…, pero la estrella les indicaba el camino y les enseñaba el sentido de su vida. La estrella alegra su caminar. Los sacrificios se llevan con garbo y alegría si el fin vale la pena. Pero la estrella desaparece al llegar a Jerusalén y ellos se hallan desorientados. ¿Qué hacen? Preguntan a quien debe saberlo. Nosotros debemos aprender de estos hombres sabios. Nosotros a veces nos encontramos desorientados y a oscuras, porque vamos alumbrando nuestra vida con la luz de nuestros propios caprichos que nos llevan por sendas fáciles, en lugar de buscar la voluntad de Dios. Toda nuestra vida es un camino hacia Jesús. Es un camino que andamos a la luz de la fe. Y la fe nos llevará a preguntar y a dejarnos guiar, a ser dóciles. Cristo ha dado a su Iglesia la seguridad de la doctrina, la corriente de gracia de los Sacramentos; y ha dispuesto que haya personas para orientar y conducir por el camino adecuado.
III. Nosotros, como los Magos, queremos llegar hasta Jesús, aunque tengamos que dejar las cosas que otros aprecian. Cada propósito que hacemos por seguir a Cristo es como una luz pequeña que se enciende, y si somos fieles nosotros podemos ser claridad para otros que andan buscando a Cristo. Hoy, como los Magos, pongámonos en camino. Pidamos al Señor que en nuestro caminar nos conceda tal firmeza en la fe, que alcancemos los dones que nos tiene prometidos. Muy cerca de Jesús, vamos a encontrar a María.
