Lunes 5 de diciembre

Reflexión sobre el Evangelio

El paralítico representa, de algún modo, a todos los hombres a los que los pecados impiden llegar hasta Dios. Por eso dice san Ambrosio: «¡Qué grande es el Señor, que por los méritos de algunos perdona a los otros, y que mientras alaba a los primeros absuelve a los segundos! (…). Aprende, tú que juzgas, a perdonar; aprende, tú que estás enfermo, a implorar perdón. Y si la gravedad de tus pecados te hace dudar de poder recibir el perdón, recurre a unos intercesores, recurre a la Iglesia, que rezará por ti, y el Señor te concederá, por amor de Ella, lo que a ti podría negarte» (Expositio Evangelii sec. Lucam, in loc.). La tarea apostólica ha de estar movida por el afán de ayudar a los hombres a encontrar a Jesucristo. Para ello, entre otras cosas, se requiere la audacia, como vemos en los amigos del paralítico; y también la poderosa intercesión de los santos, a quienes acudimos confiados en que a ellos el Señor les oirá mejor que a nosotros pecadores.