Viernes 19 de mayo

Reflexión sobre el evangelio

«Este es mi mandamiento»: La amistad de Cristo con el cristiano, que el Señor manifiesta de modo particular en este pasaje, ha sido resaltada en la predicación de san Josemaría Escrivá: «La vida del cristiano que se decide a comportarse de acuerdo con la grandeza de su vocación, viene a ser como un prolongado eco de aquellas palabras del Señor: ‘ya no os llamaré siervos, pues el siervo no es sabedor de lo que hace su amo. Mas a vosotros os he llamado amigos, porque os he dado a conocer cuantas cosas oí de mi Padre’ (Ioh XV, 15). Prestarse dócilmente a secundar la Voluntad divina, despliega insospechados horizontes (…) ‘nada hay mejor que saberse, por Amor, esclavos de Dios. Porque en ese momento perdemos la situación de esclavos, para convertirnos en amigos, en hijos’» (Amigos de Dios, n. 35).

Meditación

El valor de la amistad

I. Las hermanas de Lázaro no encuentra mejor título que el de la amistad para solicitar la presencia del Señor: ‘tu amigo está enfermo’, (Juan 11, 3) le mandan decir. Es el mejor argumento que tienen a mano. Jesús buscó y facilitó la amistad a todos aquellos que encontró por los caminos de Palestina. Aprovechaba siempre el diálogo para llegar al fondo de las almas y llenarlas de amor. Jesucristo es el amigo que nunca traiciona, está siempre disponible, Él ayuda, anima y consuela en toda ocasión. La amistad con el Señor, que nace y se acrecienta en la oración y en la digna recepción de los sacramentos, nos hace entender mejor el significado de la amistad humana que la Sagrada Escritura califica como un tesoro: ‘Un amigo fiel es poderoso protector; el que lo encuentra halla un tesoro. Nada vale tanto como un amigo fiel; su precio es incalculable’ (Eclesiastés 6, 14).

II. El trato diario y la amistad con Jesucristo nos llevan a una actitud abierta, comprensiva, que aumenta la capacidad de tener amigos. La amistad verdadera es desinteresada, no busca el propio provecho, sino el del amigo. Para que haya amistad es necesario que exista correspondencia, es preciso que el afecto y la benevolencia sean mutuos (cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 23, a. 1). El buen amigo no abandona en las dificultades, no traiciona; nunca habla mal del amigo, ni permite que, ausente, sea criticado, porque sale en su defensa. Amistad es sinceridad, confianza, compartir penas y alegrías, animar, consolar, ayudar con el ejemplo.

III. El Señor, con frecuencia, tiene en cuenta la amistad como medio para darse a conocer. Los primeros que le conocieron fueron a comunicar esta buena nueva a quienes amaban; Andrés trajo a Pedro, su hermano; Felipe, a su amigo Natanael… Es propio de la amistad dar al amigo lo mejor que se posee. El Señor espera a nuestros amigos. Con paciencia y constancia, sin prisa, sin pausa, por medio de nuestra amistad, se irán acercando a Él. La amistad todo lo puede con la ayuda de la gracia. Hoy es un buen día para preguntarnos si nuestros amigos se sienten movidos por nuestro ejemplo y nuestra palabra a estar más cerca del Señor.