17ª Semana del Tiempo Ordinario
Antífona de Entrada
En tu voluntad, Señor, está puesto el universo, y no hay quien pueda resistirse a ella. Tú hiciste todo, el cielo y la tierra, y todo lo que está bajo el firmamento; tú eres Señor del universo.
Oración Colecta
Dios todopoderoso y eterno, que en la superabundancia de tu amor sobrepasas los méritos y aun los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
La gente se amotinó contra Jeremías en el templo del Señor
Lectura del libro del profeta Jeremías 26, 1-9
Al principio del reinado de Joaquín, hijo de Josías y rey de Judá, el Señor le habló a Jeremías: «Esto dice el Señor: Ve al atrio del templo y diles todos los habitantes de Judá que entran en el templo para adorar al Señor, todas las palabras que yo te voy a ordenar; no omitas ni una sola. A ver si las escuchan y se convierten de su mala vida, y me arrepiento del castigo que he pensado imponerles a causa de sus malas acciones.
Diles, pues: Esto dice el Señor: Si no me obedecen, cumpliendo la ley que les he dado, ni escuchan las palabras de mis siervos los profetas, que sin cesar les he enviado y a quienes ustedes no han escuchado, entonces trataré a este templo como al de Siló, y haré que esta ciudad sirva de escarmiento para todos los pueblos de la tierra».
Los sacerdotes, los profetas y el pueblo oyeron a Jeremías pronunciar estas palabras en el templo del Señor. Y cuando terminó Jeremías de decir cuánto el Señor le había mandado decir al pueblo, los sacerdotes y los profetas lo apresaron, diciéndole al pueblo: «Este hombre debe morir, porque ha profetizado en nombre del Señor que este templo será como el de Siló, y que esta ciudad será destruida y quedará deshabitada». Entonces la gente se amotinó contra Jeremías en el templo del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 68
Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.
Son más que mis cabellos los que me odian sin tener un motivo, y más fuertes que yo los que pretenden con sus calumnias acabar conmigo. Lo que yo no robé, ¿acaso tengo que restituirlo?
Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.
Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo, aún para aquéllos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en mí recae.
Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.
A ti, Señor, elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro.
Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios permanece para siempre. Y ésa es la palabra que se les ha anunciado.
Aleluya.
Evangelio
¿No es éste el hijo del carpintero? ¿De dónde, pues, ha sacado esa sabiduría y esos poderes milagrosos?
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 54-58
En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: «¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es María su madre, y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?» Y se negaban a creer en él.
Entonces Jesús les dijo: «Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa». Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, el sacrificio que tú mismo nos mandaste ofrecer, y, por estos sagrados misterios, que celebramos en cumplimiento de nuestro servicio, dígnate llevar a cabo en nosotros la santificación que proviene de tu redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Antífona de la Comunión
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos participamos de un mismo pan y de un mismo cáliz.
Oración después de la Comunión
Dios omnipotente, saciados con este alimento y bebida celestiales, concédenos ser transformados en aquel a quien hemos recibido en este sacramento.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
