Memoria de San Maximiliano Kolbe, Presbítero y doctor de la iglesia
Antífona de Entrada
Venid, benditos de mi Padre, dice el Señor. Os aseguro que cuanto hicisteis con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicisteis.
Oración Colecta
Dios nuestro, que llenaste de celo por las almas al santo mártir Maximiliano María Kolbe, devotísimo de la Virgen Inmaculada, concédenos por su intercesión, que, a gloria tuya, trabajemos intensamente en servicio de los hombres y seamos, hasta la muerte, imagen fiel de tu Hijo.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Me dio a comer el libro y me supo dulce como la miel
Lectura del libro del profeta Ezequiel 2, 8-3, 4
Esto dice el Señor: «Hijo de hombre, escucha lo que voy a decirte y no seas rebelde como la casa rebelde. Abre la boca y come lo que voy a darte». Vi entonces una mano tendida hacia mí, con un libro enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por dentro y por fuera; tenía escritas lamentaciones y amenazas. Y me dijo: «Hijo de hombre, come lo que tienes aquí; cómete este libro y vete a hablar a los hijos de Israel». Abrí la boca y me dio a comer el libro, diciéndome: «Hijo de hombre, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este libro que te doy». Me lo comí y me supo dulce como la miel. Y me dijo: «Hijo de hombre, anda; dirígete a los hijos de Israel y diles mis palabras».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 118
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.
Me gozo más cumpliendo tus preceptos que teniendo riquezas. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría; ellos son también mis consejeros.
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.
Para mí valen más tus enseñanzas que miles de monedas de oro y plata. ¡Qué dulce al paladar son tus promesas, más que miel en la boca!
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.
Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría en mi corazón. Hondamente suspiro, Señor, por guardar tus mandamientos.
Tus mandamientos, Señor, son mi alegría.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes dice el Señor, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
Aleluya.
Evangelio
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?» Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: «Yo les aseguro a ustedes que, si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así, pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo. ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Te presentamos, Señor, nuestras ofrendas, y te pedimos que, a ejemplo de san Maximiliano María, aprendamos a convertir nuestra vida en una oblación constante.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Antífona de la Comunión
Nadie tiene amor más grande que el queda la vida por sus amigos, dice el Señor.
Oración después de la Comunión
Te pedimos, Señor, que alimentados con tu Cuerpo y tu Sangre, nos inflame aquel mismo fuego de caridad que san Maximiliano María recibió de este sagrado convite. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
