Memoria de san Ignacio de Antioquía, Obispo y Mártir
Antífona de Entrada
Estoy clavado con Cristo en la cruz; ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí; vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí.
Oración Colecta
Dios eterno y todopoderoso, que has querido glorificar a tu Iglesia con el testimonio de los mártires, concédenos que el glorioso martirio que mereció a san Ignacio una corona inmortal, fortalezca cada vez más nuestra fe.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Los que son de Jesucristo han crucificado su egoísmo con sus pasiones
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 5, 18-25
Hermanos: Si los guía el Espíritu, ya no están bajo el dominio de la ley. Son manifiestas las obras que proceden del desorden egoísta: lujuria, impureza, libertinaje, idolatría, brujería, enemistades, pleitos, rivalidades, ira, rencillas, divisiones, discordias, envidias, borracheras, orgías y otras cosas semejantes. Respecto a ellas les advierto, como ya lo hice antes, que quienes así obran no conseguirán el Reino de Dios.
En cambio, los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, generosidad, tolerancia, bondad, fidelidad, mansedumbre, y dominio de sí mismo. Ninguna ley existe que vaya en contra de estas acciones. Y los que son de Jesucristo han crucificado su egoísmo con sus pasiones y malos deseos. Si tenemos la vida del Espíritu, actuemos conforme a ese mismo Espíritu.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 1
Dichoso quien confía en el Señor.
Dichoso quien no se guía por mundanos criterios, ni anda en malos pasos, ni se burla del bueno, sino que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso quien confía en el Señor.
Será como un árbol plantado junto al río: da fruto a su tiempo y nunca se marchita; en todo tendrá éxito.
Dichoso quien confía en el Señor.
En cambio, los malvados serán como la paja barrida por el viento, porque el Señor protege el camino del justo, pero al malo sus caminos acaban por perderlo.
Dichoso quien confía en el Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluya.
Evangelio
¡Ay de ustedes, fariseos! ¡Ay de ustedes también, doctores de la ley!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11,42-46
En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencia en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!» Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: «Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros». Entonces Jesús le respondió: «¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!»
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, que después de purificar como trigo de Cristo a san Ignacio de Antioquía, lo aceptaste como pan inmaculado, dígnate aceptar los dones que tu Iglesia te presenta.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Antífona de la Comunión
Soy trigo de Cristo, escribió san Ignacio de Antioquía, seré triturado por los dientes de las fieras y transformado así en pan inmaculado.
Oración después de la Comunión
Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo que hemos recibido, Señor, al conmemorar el martirio de san Ignacio, nos dé nuevas fuerzas para que, con las palabras y con las acciones, nos manifestemos auténticos cristianos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
