Reflexión sobre el evangelio
«Sígueme» es el término usual de Jesús para llamar a sus discípulos. En vida de Jesús la invitación a seguirle implicaba acompañarle en su ministerio público, escuchar su doctrina, imitar su modo de vida… Una vez que el Señor subió a los Cielos, el seguimiento no es ya, evidentemente un acompañamiento físico por los caminos de Palestina, sino que «el cristiano debe vivir según la vida de Cristo, haciendo suyos los sentimientos de Cristo, de manera que pueda exclamar con san Pablo, ‘non vivo ego, vivit vero in me Christus’ (Gal 2,20), no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 103). En cualquier cas, la invitación del Señor comporta siempre un ponerse en camino; es decir, la exigencia de una vida de esfuerzo y de lucha por cumplir en cada momento la Voluntad divina aunque requiera una entrega abnegada y generosa.
Meditación
La fe de los magos
I. Nacido Jesús en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes, unos Magos llegaron de oriente a Jerusalén (Mt 2, 1). Estos tres sabios que estudiaban el firmamento, en cuanto vieron una estrella grande y maravillosa se pusieron en camino. Dejaron familia, comodidad y bienes. No les debió ser fácil explicar el motivo de su viaje, que tuvo que ser largo y difícil. Estos hombres decididos y sin respetos humanos nos enseñan lo que hemos de hacer para llegar a Jesús, dejando a un lado todo lo que pueda desviarnos y retrasarnos del camino. También nosotros hemos visto una estrella en la intimidad del corazón, que nos invita al desprendimiento de las cosas que nos atan y a vencer cualquier respeto humano que nos impida llegar a Jesús. Pidamos con la Iglesia a Dios nuestro Padre: Tú, que iluminaste a los sabios de oriente y les encaminaste para que adoraran a tu Hijo, ilumina nuestra fe y acepta la ofrenda de nuestra oración (Vísperas de la Epifanía, Preces).
II. Los Magos debieron pasar por malos caminos y dormir en lugares incómodos…, pero la estrella les indicaba el camino y les enseñaba el sentido de su vida. La estrella alegra su caminar. Los sacrificios se llevan con garbo y alegría si el fin vale la pena. Pero la estrella desaparece al llegar a Jerusalén y ellos se hallan desorientados. ¿Qué hacen? Preguntan a quien debe saberlo. Nosotros debemos aprender de estos hombres sabios. Nosotros a veces nos encontramos desorientados y a oscuras, porque vamos alumbrando nuestra vida con la luz de nuestros propios caprichos que nos llevan por sendas fáciles, en lugar de buscar la voluntad de Dios. Toda nuestra vida es un camino hacia Jesús. Es un camino que andamos a la luz de la fe. Y la fe nos llevará a preguntar y a dejarnos guiar, a ser dóciles. Cristo ha dado a su Iglesia la seguridad de la doctrina, la corriente de gracia de los Sacramentos; y ha dispuesto que haya personas para orientar y conducir por el camino adecuado.
III. Nosotros, como los Magos, queremos llegar hasta Jesús, aunque tengamos que dejar las cosas que otros aprecian. Cada propósito que hacemos por seguir a Cristo es como una luz pequeña que se enciende, y si somos fieles nosotros podemos ser claridad para otros que andan buscando a Cristo. Hoy, como los Magos, pongámonos en camino. Pidamos al Señor que en nuestro caminar nos conceda tal firmeza en la fe, que alcancemos los dones que nos tiene prometidos. Muy cerca de Jesús, vamos a encontrar a María.
