Reflexión sobre el Evangelio
De la muchedumbre que le oprime, una sola persona le ha tocado de verdad: ésta enferma; y no con un gesto solamente, sino con la fe de su corazón. Comenta san Agustín: «Ella toca, la muchedumbre oprime. ¿Qué significa ‘toco’ sino que creyó?» (In Ioann. Evang. 26,3). Necesitamos el contacto con Jesús. No nos ha sido dado otro nombre bajo el cielo por el que podamos ser salvos. Al recibir en la Sagrada Eucaristía a Jesucristo, se realiza este contacto físico a través de las especies sacramentales. Por nuestra parte necesitamos avivar la fe para que resulten provechosos estos encuentros en orden a nuestra salvación.
Meditación
Comuniones espirituales
I. El Evangelio (Mc 5, 21-43) nos relata la curación de una mujer que había gastado toda su fortuna en médicos sin éxito alguno: solamente alargó la mano y tocó el borde del manto de Jesús, y quedó curada. También nosotros necesitamos cada día el contacto con Cristo, porque es mucha nuestra debilidad y muchas nuestras debilidades. Y al recibirlo en la Comunión sacramental se realiza este encuentro con Él: un torrente de gracia nos inunda de alegría, nos da la firmeza de seguir adelante, y causa el asombro de los ángeles. La amistad creciente con Cristo nos impulsa a desear que llegue el momento de la Comunión, para unirnos íntimamente con Él. Le buscamos con la diligencia de la mujer enferma del Evangelio, con todos los medios a nuestro alcance, especialmente con el empeño por apartar todo pecado venial deliberado y toda falta consciente de amor a Dios.
II. El vivo deseo de comulgar, señal de fe y de amor, nos conducirá a realizar muchas comuniones espirituales. Durante el día, en medio del trabajo o de la calle, en cualquier ocupación. Prolongan los frutos de la Comunión eucarística, prepara la siguiente y nos ayuda a desagraviar al Señor. Es posible hacerlo a cualquier hora porque consiste en un acto de amor. Podemos decir: Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos (A. Vásquez de Prada, El Fundador del Opus Dei). Acudamos hoy a nuestro Ángel Custodio para que nos recuerde frecuentemente la presencia cercana de Cristo en los sagrarios, y que nos consiga gracias abundantes para que cada día sean mayores nuestros deseos de recibir a Jesús, y mayor nuestro amor, de modo particular en esos minutos en los que permanece sacramentalmente en nuestro corazón.
III. Por nuestra parte, debemos esforzarnos en acercarnos a Cristo con la fe de aquella mujer, con su humildad, con aquellos deseos de querer sanar de los males que nos aquejan. La Comunión no es un premio a la virtud, sino alimento para los débiles y necesitados; para nosotros. La Iglesia nos pide apartar la rutina, la tibieza y frecuentar la confesión, y que no comulguemos jamás con sombra alguna de pecado grave. Ante las faltas leves, el Señor nos pide el arrepentimiento y el deseo de evitarlas. Asimismo, el amor nos llevará a expresar nuestra gratitud a Jesús después de la Comunión por haberse dignado venir a nuestro corazón. Nuestro Ángel nos ayudará a expresarle esa gratitud.
