Jueves 14 de Febrero

Memoria de san Cirilo, monje y san Metodio, obispo

Antífona de Entrada

Éstos son los hombres santos que se hicieron amigos de Dios, insignes predicadores del Evangelio.

Oración Colecta

Dios nuestro, que iluminaste a los pueblos eslavos por medio de los santos hermanos Cirilo y Metodio, concede que comprendamos de corazón las palabras de tu doctrina y que formemos un pueblo unido en la fe verdadera y en su recta profesión.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Serán los dos una sola cosa
Lectura del libro el Génesis 2, 18-25

En aquel día, dijo el Señor Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle a alguien como él, para que lo ayude». Entonces el Señor Dios formó de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y los llevó ante Adán, para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el nombre puesto por Adán.

Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán, para ayudarlo. Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío. Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y éste exclamó: «Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque ha sido formada del hombre». Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa. Por entonces los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza por ello.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 127
Dichoso el que teme al Señor.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos: comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien.
Dichoso el que teme al Señor.

Su mujer, como vid fecunda, en medio de su casa; sus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de su mesa.
Dichoso el que teme al Señor.

Esta es la bendición del hombre que teme al Señor: “Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida”.
Dichoso el que teme al Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Acepten dócilmente la palabra que ha sido sembrada en ustedes, y es capaz de salvarlos.
Aleluya.

Evangelio

Los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús salió de Genesaret y se fue a la región donde se encuentra Tiro. Entró en una casa, pues no quería que nadie se enterara de que estaba ahí, pero no pudo pasar inadvertido. Una mujer, que tenía una niña poseída por un espíritu impuro, se enteró enseguida, fue a buscarlo y se postró a sus pies. Aquella mujer, una siria de Fenicia y pagana, le rogaba a Jesús que le sacara el demonio a su hija.

Él le respondió: «Deja que coman primero los hijos. No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos». La mujer le replicó: «Sí, Señor, pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».

Entonces Jesús le contestó: «Anda, vete, por eso que has dicho el demonio ha salido ya de tu hija». Al llegar a su casa la mujer encontró a su hija recostada en la cama, y ya el demonio había salido de ella.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Mira, Señor, los dones que presentamos a tu divina majestad en la conmemoración de los santos Cirilo y Metodio, y concede que se conviertan en el signo de la humanidad nueva reconciliada contigo en el amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Salieron los discípulos a predicar el Evangelio; y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la predicación con los milagros que hacían.

Oración después de la Comunión

Dios nuestro, Padre de todos los pueblos, que nos haces partícipes de un mismo pan y un mismo Espíritu y herederos del banquete eterno, en esta fiesta de los santos Cirilo y Metodio concédenos, benigno, que la muchedumbre de tus hijos, perseverando en la misma fe, edifique, unánime, el reino de justicia y de paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.