Reflexión sobre el Evangelio
«Para que todo el que crea en él no perezca»: Jesucristo exige como primer requisito para participar de su amor la fe en Él. Con ella pasamos de las tinieblas a la luz y entramos en camino de salvación. «Las palabras de Cristo son a un tiempo palabras de juicio y de gracia, de muerte y de vida. Porque solamente dando muerte a lo que es viejo podemos alcanzar la nueva vida; esto vale primeramente para las personas, pero también tiene vigencia para los diferentes bienes de este mundo, que están marcados al mismo tiempo con el pecado del hombre y la bendición de Dios (…). Nadie de por sí y por sus propias fuerzas se libra completamente de su debilidad, o de su soledad, o de su esclavitud, todos tienen necesidad de Cristo modelo, maestro, libertador, salvador, vivificador. Verdaderamente, el Evangelio ha sido en la historia humana, incluso la temporal, fermento de libertad y de progreso, y continúa ofreciéndose sin cesar como fermento de fraternidad, de unidad y de paz» (Conc. Vat. II, Decr. Ad gentes, n. 8).
Meditación
Medios humanos y medios sobrenaturales
I. Jesús nos hace ver, a veces, que los problemas nos superan, que podemos poco o nada ante la situación que tenemos por delante. Y nos pide que no nos fijemos demasiado en los recursos humanos, porque nos llevaría al pesimismo, sino que nos apoyemos más en los medios sobrenaturales. Nos pide ser sobrenaturalmente realistas; es decir, contar con Jesús, con su poder. Quiere el Señor que huyamos tanto de pensar en el esfuerzo humano como única ayuda, como de la pasividad, que, bajo pretexto de un abandono total en las manos de Dios, convierte la esperanza en una pereza espiritual disimulada. El Señor no quiere en nuestra vida, que por ser insuficientes o escasos los instrumentos con que contamos, nos quedemos sin hacer nada. Nos pide Jesús fe, obediencia, audacia y hacer siempre lo que esté en nuestras manos: no dejar de poner ningún medio humano a nuestro alcance y, a la vez, contar con Él, conscientes de que nuestras posibilidades son siempre muy pequeñas. El Señor bendice nuestros esfuerzos y los multiplica.
II. Cuando Jesús envía a sus discípulos en su primera misión apostólica, les urge para que salgan sin demora al cumplimiento de su labor, y para que, desde el principio, aprendan a apoyarse en los medios sobrenaturales, les quita toda ayuda humana. Salen los Apóstoles sin nada, para que se vea que no son suyas las curaciones y los milagros que realizan; que sus cualidades humanas no bastan para que la gente se disponga a recibir el reino de Dios. No deben preocuparse por carecer de bienes materiales y de cualidades humanas extraordinarias; lo que falte, Dios lo proveerá en la medida necesaria. Contar siempre con Dios en primer lugar, es buena señal de humildad. No obstante, el Señor también pedirá que pongamos todos los medios humanos a nuestro alcance, como si de ello dependiera todo el éxito de la empresa.
III. Aunque los medios sobrenaturales son lo primero en todo apostolado, quiere el Señor que utilicemos todas las posibilidades humanas a nuestro alcance. La gracia no suplanta la naturaleza, y no podemos pedir gracias extraordinarias del Señor, cuando, por los conductos ordinarios, ha puesto Dios en nuestras manos los instrumentos que necesitamos. De ahí la importancia de cultivar las virtudes humanas, soporte de las sobrenaturales y medio necesario en el afán de acercar a los demás a Dios. Con Dios no hay imposibles: “Convéncete: no tienes de qué maravillarte. Confiando en Dios –¡confiando de veras!–, las cosas resultan fáciles. Y además se sobrepasa siempre el límite de lo imaginado” (S. Josemaría Escrivá, Surco).
