Lunes 12 de septiembre

Reflexión sobre el Evangelio

Destaca la humildad en la petición del milagro que nos narra el texto. El Centurión no pertenecía al pueblo elegido, era un pagano; pero a través de sus amigos pide con profunda humildad. La humildad es camino para la fe, lo mismo para recibirla que para avivarla. Hablando de la experiencia de su conversión, san Agustín dice que él, que no era humilde, no era capaz de comprender cómo Jesús tan humilde podía ser Dios, ni qué es lo que podía Dios enseñar a nadie abajándose hasta asumir la condición humana. Para eso el Verbo, Verdad eterna, se hizo hombre: para abatir nuestra soberbia, fomentar nuestro amor, someter todas las cosas y así poder elevarnos (cfr Confesiones, VII, 18,24).

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