Viernes 16 de diciembre

Reflexión sobre el evangelio

Juan Bautista había dado testimonio de que Jesús era el Hijo de Dios. Aunque Jesús no tenía necesidad de recurrir al testimonio de un hombre, ni siquiera al de un gran profeta, aquel testimonio fue dado en atención a los judíos, para que reconociesen al Mesías. Jesús puede mostrarles además un testimonio mejor que el del Bautista: los milagros que realiza, y que son, para quien quiera reconocerlos con mirada limpia, señales inequívocas de su poder divino, de que procede del Padre; los milagros de Jesús son, pues, testimonios del Padre acerca de su Hijo, que ha enviado al mundo. En otras ocasiones el Padre manifiesta la divinidad de Jesús: en el Bautismo, en la Transfiguración y más tarde, ante toda la multitud.

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