1ª Semana del Tiempo Ordinario
Antífona de Entrada
Canten al Señor un cántico nuevo, hombres de toda la tierra, canten al Señor. Hay brillo y esplendor en su presencia, y en su templo, belleza y majestad.
Oración Colecta
Dios todopoderoso y eterno, dirige nuestros pasos de manera que podamos agradarte en todo y así merezcamos, en nombre de tu Hijo amado, abundar en toda clase de obras buenas.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Anímense mutuamente mientras dura este «hoy»
Lectura de la carta a los hebreos 3,7-14
Hermanos: Oigamos lo que dice el Espíritu Santo en un salmo: ‘Ojalá escuchen ustedes la voz del Señor, hoy. No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión y el de la prueba en el desierto, cuando sus padres me pusieron a prueba en el desierto y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras durante cuarenta años. Por eso me indigné contra aquella generación y dijo: «Es un pueblo de corazón extraviado, que no ha conocido mis caminos». Por eso juré en mi cólera que no entrarían en mi descanso’.
Procuren, hermanos, que ninguno de ustedes tenga un corazón malo, que se aparte del Dios vivo por no creer en él. Más bien anímense mutuamente cada día, mientras dura este «hoy», para que ninguno de ustedes, seducido por el pecado, endurezca su corazón; pues si nos ha sido dado el participar de Cristo, es a condición de que mantengamos hasta el fin nuestra firmeza inicial.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 94
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Venga, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: «No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Durante cuarenta años sentí hastío de esa generación. Entonces dije: ‘Este es un pueblo de corazón extraviado que no ha conocido mis caminos’. Por eso juré, lleno de cólera, que no entrarían en mi descanso».
Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba la Buena Nueva del Reino y sanaba todas las enfermedades del pueblo.
Aleluya.
Evangelio
Se le quitó la lepra y quedó limpio
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: «Si tú quieres, puedes curarme». Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: «¡Sí quiero: Sana!» Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: «No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés».
Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Recibe, Señor, benignamente, nuestros dones, y santifícalos, a fin de que nos sirvan para nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Antífona de la Comunión
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue, no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Oración después de la Comunión
Concédenos, Dios todopoderoso, que al experimentar el efecto vivificante de tu gracia, nos sintamos siempre dichosos por este don tuyo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
