Sábado 18 de marzo

Reflexión sobre el Evangelio

A diferencia del fariseo, el publicano reconoce su indignidad y se arrepiente sinceramente: éstas son las disposiciones necesarias para ser perdonado por Dios. La jaculatoria del publicano, que expresa tales sentimientos, alcanza el perdón divino: «Con razón –explica san Francisco de Sales– algunos han dicho que la oración justifica, porque la oración contrita o la contrición orante eleva el alma a Dios, la une a su bondad y obtiene su perdón en virtud del amor divino que le comunica este santo movimiento. Por consiguiente, debemos sentirnos fuertes con tales jaculatorias, hechas con actos de amoroso dolor y con deseos de divina reconciliación a fin de que, por medio de ellas, expresando delante del Salvador nuestras angustias (Sal 142,2), confiemos el alma a su Corazón misericordioso que la recibirá con piedad» (Tratado del amor de Dios, libro 2, cap. 20).

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