Miércoles 22 de marzo

Reflexión sobre el Evangelio

«Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo»: Dios no deja de actuar después de la Creación. Como el Hijo actúa junto con el Padre, que con el Espíritu son un solo Dios, por esta razón Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, puede decir que no deja de trabajar. Estas palabras de Jesús hacen referencia implícita a su naturaleza divina, y así lo entendieron los judíos, quienes, considerándolas una blasfemia, quisieron darle muerte. «Todos –comenta san Agustín– llamamos a Dios ‘Padre nuestro que estás en los Cielos’ (Is 63,16; 64,8). No se enfurecían, por tanto, porque dijese que Dios era su Padre, sino porque le llamaba Padre de manera muy distinta de cómo le llamaban lo hombres. Mirad cómo los judíos ven; los arrianos en cambio no quieren ver. Estos dicen que el Hijo no es igual al Padre, y de aquí surge una herejía que aflige a la Iglesia. Ved cómo hasta los mismos ciegos y los mismos que mataron a Cristo entendieron el sentido de las palabras del Señor» (In Ioannis Evangelium tractatus, 17,16). Nosotros llamamos a Dios Padre nuestro porque somos hijos adoptivos por la gracia; Jesucristo llama a Dios Padre suyo porque es su Hijo por naturaleza. Por eso dice después de resucitar: «Subo a mi Padre y a vuestro Padre» (Jn 20,17), distinguiendo así con claridad esas dos maneras distintas de ser hijos de Dios.

Deja un comentario