Domingo 11 de junio

Reflexión sobre el Evangelio

«El que me come vivirá por mí»: En Cristo, el Verbo encarnado al mundo, «habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente» (Col 2,9) por la inefable unión de su naturaleza humana con la naturaleza divina en la Persona del Verbo. Al recibir nosotros en este sacramento, la Carne y la Sangre de Cristo indisolublemente unidas a su divinidad, participamos de la misma vida divina de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Nunca apreciaremos lo suficiente la intimidad y cercanía con Dios mismo –Padre, Hijo y Espíritu Santo–, que se nos ofrece en el banquete eucarístico.

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