Viernes 11 de agosto

Reflexión sobre el Evangelio

«La caridad de Dios ‘que ha sido difundida en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado’ (Rom 5,5) hace a los laicos capaces para expresar de verdad en su vida el espíritu de las Bienaventuranzas. Siguiendo a Cristo pobre, ni se deprimen ante la escasez de bienes temporales ni se engríen en su abundancia; imitando a Cristo humilde, no se hacen ambiciosos de la gloria vana (cfr Gal 5,26), sino que se esfuerzan por agradar a Dios antes que a los hombres, dispuestos siempre a dejar todas las cosas por Cristo (cfr Lc 14,25) hasta padecer persecución por la justicia (cfr Mt 5,10), recordando las palabras del Señor: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame’» (Concilio Vaticano II , Apostolicam actuositatem, n. 4).