Reflexión sobre el Evangelio
«La caridad de Dios ‘que ha sido difundida en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado’ (Rom 5,5) hace a los laicos capaces para expresar de verdad en su vida el espíritu de las Bienaventuranzas. Siguiendo a Cristo pobre, ni se deprimen ante la escasez de bienes temporales ni se engríen en su abundancia; imitando a Cristo humilde, no se hacen ambiciosos de la gloria vana (cfr Gal 5,26), sino que se esfuerzan por agradar a Dios antes que a los hombres, dispuestos siempre a dejar todas las cosas por Cristo (cfr Lc 14,25) hasta padecer persecución por la justicia (cfr Mt 5,10), recordando las palabras del Señor: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame’» (Concilio Vaticano II , Apostolicam actuositatem, n. 4).
