Domingo 27 de agosto

Reflexión sobre el Evangelio

«Lo que Cristo Señor, príncipe de los pastores y gran pastor de las ovejas, instituyó en el bienaventurado Apóstol Pedro para perpetua salud y bien perenne de la Iglesia, es menester que dure perpetuamente por obra del mismo Señor en la Iglesia que, fundada sobre piedra, tiene que permanecer firme hasta la consumación de los siglos. ‘A nadie en verdad es dudoso, antes bien, a todos los siglos es notorio, que el santo y beatísimo Pedro, príncipe y cabeza de los Apóstoles, columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica, recibió las llaves del Reino de manos de Nuestro Señor Jesucristo, Salvador y Redentor del género humano; y hasta el tiempo presente y siempre sigue viviendo, preside y ejerce el juicio en sus sucesores’ (cfr Concilio de Efeso), los obispos de la santa Sede Romana, por él fundada y por su sangre consagrada. De donde se sigue que sea quien fuere el que sucede a Pedro en esta cátedra, ése, según la institución de Cristo mismo, obtiene el Primado de Pedro sobre la Iglesia universal» (Concilio Vaticano I, Pastor aeternus).

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