Reflexión sobre el Evangelio
«Si tu hermano comete un pecado»: El Señor nos hace aquí una llamada a cooperar con Él en la santificación de los demás a través de la corrección fraterna, entre otros posibles medios. A las fuertes palabras con que el Señor condenaba el escándalo, siguen ahora estas otras, no menos fuertes, contra el pecado de negligencia. Existe obligación de corregir. El Señor señala tres grados de corrección: 1) a solas, 2) ante uno o dos testigos, y 3) ante la Iglesia. La primera se refiere a los escándalos y pecados secretos o particulares. Debe hacerse a solas, con el fin de no proclamar sin necesidad lo que es privado; también para no herir al corregido y facilitar su rectificación. Si esta corrección no diera el resultado que se busca, y la causa fuera grave, ha de acudirse al segundo momento: buscar uno o dos amigos, cuya intervención puede ser más persuasiva. Por último, viene la corrección jurídica, que se hace oficialmente ante la autoridad eclesiástica. Si el pecador así advertido no admite la corrección, debe ser excomulgado, esto es, apartado de la comunión de la Iglesia y de sus sacramentos.
