Memoria de san Francisco de Asís, Religioso
Antífona de Entrada
Francisco, el hombre de Dios, dejó su casa, abandonó su herencia y se hizo pobre y desvalido; pero el Señor se hizo cargo de él.
Oración Colecta
Dios nuestro, que otorgaste a san Francisco de Asís la gracia de seguir gozosamente a Cristo en una vida de pobreza y humildad, haz que, a ejemplo suyo, nuestra preocupación esencial en esta tierra sea la de amar y seguir a tu Hijo, Jesucristo, que vive y reina contigo.
Amén.
Primera Lectura
Si le parece bien a mi señor, el rey, déjeme ir para reconstruir la ciudad de mis padres
Lectura del libro de Nehemías 2,1-8
En el primer mes del año veinte del reinado de Artajerjes, siendo yo, Nehemías, el copero mayor, serví una copa de vino y se la ofrecí al rey. Nunca me había presentado ante él con cara triste. Entonces el rey me preguntó: «¿Por qué estás tan triste, si no estás enfermo? ¿Qué es lo que te preocupa?» Sentí entonces un gran temor y le respondí: «Que viva el rey para siempre. ¿Cómo no he de estar triste, cuando la ciudad donde se hallan enterrados mis padres está en ruinas y sus puertas consumidas por el fuego?» El rey me dijo: «¿Qué es, pues, lo que quieres?»
Me encomendé al Dios del cielo y le contesté al rey: «Si le parece bien a mi señor, el rey, y si está satisfecho de mí, déjeme ir a Judá para reconstruir la ciudad donde están enterrados mis padres». El rey y la reina, que estaba sentada a su lado, me preguntaron: «¿Cuánto durará tu viajo y cuándo volverás?» Al rey le pareció bien el plazo que le indiqué y me permitió ir.
Entonces yo añadí: «Ruego a mi señor, el rey, que me dé cartas para los gobernadores de la región del otro lado del río, para que me suministraran madera para las puertas de la ciudadela del templo, para el muro de la ciudad y para la casa donde me voy a instalar». Gracias a Dios, el rey me concedió todo lo que le pedí.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 136
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar de nostalgia; de los sauces que estaban en la orilla colgamos nuestras arpas.
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
Aquellos que cautivos nos tenían, pidieron que cantáramos. Decían los opresores: «Algún cantar de Sión, alegres cantemos».
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
Pero, ¿cómo podríamos cantar un himno al Señor en tierra extraña? ¡Que la mano derecha se me seque si de ti, Jerusalén, yo me olvidara!
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
¡Que se me pegue al paladar la lengua, Jerusalén, si no te recordara, o si, fuera de ti, alguna otra alegría yo buscara!
Tu recuerdo, Señor, es mi alegría.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Todo lo considero una pérdida y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y vivir unido a él.
Aleluya.
Evangelio
Te seguiré adondequiera que vayas
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 57-62
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza». A otro, Jesús le dijo: «Sígueme». Pero él le respondió: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Jesús le replicó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve y anuncia el Reino de Dios».
Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero déjame despedirme de mi familia». Jesús le contestó: «El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, nuestros dones y prepáranos a celebrar el memorial de la pasión de tu Hijo, que tan honda huella dejó en el alma y en el cuerpo de san Francisco.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Antífona de la Comunión
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Oración después de la Comunión
Señor, que esta sagrada comunión nos haga amar profundamente a Cristo y a los hombres para que, a ejemplo de san Francisco de Asís, procuremos sin cesar el bien de nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
