Lunes 9 de octubre

Reflexión sobre el Evangelio

Hay una jerarquía y un orden en estos dos mandamientos que constituyen el doble precepto de caridad: ante todo y sobre todo amar a Dios por sí mismo; en segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, amar al prójimo, porque ésa es la voluntad explícita de Dios (1 Jn 4,21). En este pasaje del Evangelio se encierra también otra enseñanza fundamental: la Ley de Dios no es algo negativo, «no hacer», sino algo claramente positivo, es amor; la santidad, a la que todos los bautizados están llamados, no consiste tanto en no pecar, sino en amar, en hacer cosas positivas, en dar frutos de amor de Dios. Cuando el Señor nos describe el Juicio Final recalca ese aspecto positivo de la Ley de Dios (Mt 25,31-46). El premio de la vida eterna se concederá a los que hicieron el bien.