Reflexión sobre el Evangelio
La obstinación de los enemigos de Jesús no cede ni ante la evidencia del milagro. Puesto que no pueden negar el valor extraordinario del hecho, lo atribuyen a artes demoníacas, con el intento de negar que Jesús es el Mesías. El Señor les replica con un razonamiento que no admite escapatoria: las expulsiones de demonios que hace son pruebas evidentes de que con Él ha llegado el Reino de Dios. El Concilio Vaticano II ha recordado de nuevo esta verdad: «Nuestro Señor Jesús dio comienzo a su Iglesia predicando la buena nueva, es decir, la llegada del Reino de Dios prometido desde los siglos en la Escritura (…). Los milagros de Jesús confirman que el Reino ya ha llegado a la tierra: ‘Si yo expulso a los demonios por el dedo de Dios, está claro que el Reino de Dios ha llegado a vosotros’ (Lc 11,20; cfr Mt 12,28). Pero sobre todo, el Reino de Dios se manifiesta en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo del Hombre, que vino a servir y a dar su vida en redención por muchos (Mc 10,45)» (Lumen gentium, n. 5).
