Viernes 20 de octubre

Reflexión sobre el Evangelio

Nada –ni aun las cosas más insignificantes– escapa a los ojos de Dios, a su Providencia y a su juicio. Cuánto menos escaparán las acciones de los hombres, que serán premiados o castigados por el justo e inapelable juicio de Dios. Por eso mismo, no hay que temer que quede sin recompensa eterna ningún sufrimiento o persecución padecidos por seguir a Cristo.

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