Reflexión sobre el Evangelio
Ante la pregunta, el Señor pone de relieve que toda la Ley se condensa en dos mandamientos: el primero y más importante consiste en el amor incondicional a Dios; el segundo es consecuencia y efecto del primero: porque cuando es amado el hombre, dice santo Tomás, es amado Dios ya que el hombre es imagen de Dios. Quien ama de verdad a Dios ama también a sus iguales, porque verá en ellos a sus hermanos, hijos del mismo Padre, redimidos por la misma sangre de Nuestro Señor Jesucristo: «Hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano» (1 Jn 4,21). Hay en cambio un peligro: si amamos al hombre por el hombre, sin referencia a Dios, este amor se convierte en obstáculo que impide el cumplimiento del primer precepto; y entonces deja también de ser verdadero amor al prójimo. Pero el amor al prójimo por Dios es prueba patente de que amamos a Dios: «Si alguien dice: Amo a Dios y aborrece a su hermano, es un mentiroso» (1 Jn 4,20).
