Reflexión sobre el Evangelio
La enseñanza principal de la parábola es la exhortación a la vigilancia: en la práctica es tener la luz de la fe, que se mantiene viva con el aceite de la caridad. Entre los hebreos las bodas se celebraban en casa del padre de la desposada. Las vírgenes son las jóvenes no casadas, damas de honor de la novia, que esperan en casa de ésta la venida del esposo. La atención de la parábola se centra en la actitud que se debe adoptar hasta la llegada del esposo. En efecto, no es suficiente saberse dentro del Reino, la Iglesia, sino que es preciso estar vigilantes y prevenir con buenas obras la venida de Cristo.
Esa vigilancia ha de ser continua, perseverante, porque continuo es el ataque del demonio que, «como león rugiente, ronda buscando a quien devorar» (1 P 5,8). «Vela con el corazón, vela con la fe, con la caridad, con las obras (…); prepara las lámparas, cuida de que no se apaguen (…), aliméntalas con el aceite interior de una recta conciencia; permanece unido al esposo por el Amor, para que Él te introduzca a la sala del banquete, donde tu lámpara nunca se extinguirá» (S. Agustín, Sermo 93,17).
