Sábado 18 de noviembre

Reflexión sobre el Evangelio

La enseñanza de Jesús sobre la perseverancia en la oración se une con la severa advertencia de que es preciso mantenerse fieles en la fe; fe y oración van íntimamente unidas: «Creamos para orar –comenta san Agustín–; y para que no desfallezca la fe con que oramos, oremos. La fe hace brotar la oración, y la oración, en cuanto brota, alcanza la firmeza de la fe» (Sermo 115).

El Señor ha anunciado su asistencia a la Iglesia para que pueda cumplir indefectiblemente su misión hasta el fin de los tiempos; la Iglesia, por tanto, no puede desviarse de la verdadera fe. Pero no todos los hombres perseverarán fieles sino que algunos se apartarán voluntariamente de la fe. Es el gran misterio que san Pablo llama de iniquidad y apostasía, y que el mismo Jesucristo anuncia en otros lugares. De este modo nos previene el Señor para que, aunque a nuestro alrededor haya quienes desfallezcan, nos mantengamos vigilantes y perseverando en la fe y en la oración.

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