Reflexión sobre el Evangelio
Jesús anuncia persecuciones de todo género. Esto es inevitable: «Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos» (2 Tim 3,12). Los discípulos deberán recordar aquella advertencia del Señor en la Última Cena: «No es el siervo más que su señor. Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15,20). Sin embargo, estas persecuciones no escapan a la Providencia divina. Suceden porque Dios las permite. Y Dios las permite porque puede sacar de ellas bienes mayores. Las persecuciones serán ocasión de dar testimonio: sin ellas la Iglesia no estaría adornada de la sangre de tantos mártires. Promete el Señor además una asistencia especial a quienes estén sufriendo la persecución y les advierte que no han de temer: les dará su sabiduría para defenderse y no permitirá que perezca ni un cabello de su cabeza, es decir, que hasta lo que pueda parecer una desdicha y una pérdida será para ellos el comienzo de la gloria.
