Reflexión sobre el Evangelio
«Bautizar con el Espíritu Santo» se refiere al Bautismo que Cristo va a instituir, y marca su diferencia con el de Juan. En el bautismo de Juan sólo se significaba la gracia, como en los otros ritos del Antiguo Testamento. «Por el Bautismo de la Nueva Ley los hombres son bautizados interiormente por el Espíritu Santo, cosa que sólo hace Dios. En cambio, por el bautismo de Juan sólo era lavado con agua el cuerpo» (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, q. 38, a.2 ad 1). En el Bautismo cristiano, instituido por Nuestro Señor, el rito bautismal no sólo significa la gracia, sino que la causa eficazmente, esto es, la confiere. «El sacramento del Bautismo confiere la primera gracia santificante, por la que se perdona el pecado original, y también los actuales, si los hay; remite toda la pena por ellos debida; imprime el carácter de cristianos; nos hace hijos de Dios, miembros de la Iglesia y herederos de la gloria, y nos habilita para recibir los demás sacramentos» (San Pío X, Catecismo Mayor, n. 553).
