Viernes 26 de enero

Reflexión sobre el Evangelio

La parábola del sembrador enseña la admirable economía de la Providencia divina, que distribuye gracias diversas entre los hombres, pero a todos las suficientes para alcanzar la salvación: «La divina Providencia concedió una incomparable gracia a la Reina de las reinas, Madre del Amor Hermoso, singularmente perfecta. También concedió extraordinarios favores a otros seres. Después, esta Bondad soberana derramó abundantes bendiciones sobre el género humano y sobre la naturaleza angélica (…). Todos han recibido su parte como de sementera que cae no solamente en buen terreno, sino también por el camino, entre las espinas y las piedras, a fin de que todos queden inexcusables delante del Redentor si no emplean redención tan superabundante para su propia salvación eterna» (San Francisco de Sales, Tratado del amor de Dios, libro 2, cap. 7).