Domingo 4 de febrero

Reflexión sobre el Evangelio

La oración de Jesús es oración de alabanza perfecta al Padre, es oración de petición por Sí mismo y por nosotros, y es, finalmente, modelo para sus discípulos. Es alabanza y acción de gracias perfecta, porque Él es Hijo amado de Dios en quien el Padre se complace plenamente. Es oración de petición, pues pedir cosas a Dios es el primer movimiento espontáneo del alma que reconoce a Dios como Padre. La oración de Jesús, según vemos por numerosos pasajes evangélicos (p. ej., Ioh 17,9 y ss.), era una continua petición al Padre por la obra de la Redención, que Él debía realizar por medio del dolor y el sacrificio. El Señor quiere además enseñarnos con su ejemplo cuál ha de ser la actitud del cristiano: entablar habitualmente un diálogo filial con Dios, en medio y con ocasión de nuestras actividades ordinarias –trabajo, vida familiar, relaciones sociales, apostolado–, con el fin de dar a nuestra vida un significado y una presencia auténticamente cristianos, ya que, como señalará más tarde Jesús, «sin mí no podéis hacer nada» (Ioh 15,5).

Deja un comentario