Sábado 24 de febrero

Reflexión sobre el Evangelio

El pasaje recapitula las enseñanzas anteriores. El Señor llega a establecer que el cristiano no tiene enemigos personales. Su único enemigo es el mal en sí, el pecado, pero no el pecador. Esta doctrina fue llevada a la práctica por el mismo Jesucristo con los que le crucificaron, y es la que sigue todos los días con los pecadores que se rebelan contra Él y le desprecian. Por eso los santos han seguido el ejemplo del Señor, como el primer mártir San Esteban, que oraba por los que le estaban dando muerte. Se ha llegado a la cúspide de la perfección cristiana: amar y rezar hasta por los que nos persigan y calumnien. Este es el distintivo de los hijos de Dios.

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