Domingo 25 de febrero

Reflexión sobre el Evangelio

Contemplamos admirados esta manifestación de la gloria del Hijo de Dios a tres de sus discípulos. Desde la Encarnación, la Divinidad de Nuestro Señor estaba habitualmente oculta tras la humanidad. Pero Cristo quiso manifestar precisamente a estos tres discípulos predilectos, que iban a ser columnas de la Iglesia, el esplendor de su gloria divina, con el fin de que cobraran alientos para seguir el difícil y áspero camino que les quedaba por recorrer, fijando la mirada en la meta gozosa que les esperaba al final. Por esta razón, como comenta santo Tomás de Aquino, fue conveniente que Cristo manifestara la claridad de su gloria. Las circunstancias de la Transfiguración, inmediatamente después del primer anuncio de su Pasión, y de las palabras proféticas de que sus seguidores también tendrían que tomar su Cruz, nos hace entender que «es preciso que entremos en el Reino de Dios a través de muchas tribulaciones» (Hch 14,22).

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