Reflexión sobre el Evangelio
Al comentar el episodio de la mujer adúltera, Fray Luis de Granada escribe, entre otras, esta consideración general acerca de la misericordia de Jesús: «Tales, pues, conviene que sean, hermano mío, tus entrañas, tales tus obras y tus palabras, si quieres ser un hermosísimo traslado de este Señor. Y por esto no se contenta el Apóstol con mandarnos que seamos misericordiosos, sino, dice, que nos vistamos, como hijos de Dios, de entrañas de misericordia (cfr. Col 3,12). Mira, pues, tú cuál estaría en el mundo si todos los hombres trajesen este vestido. Todo esto se ha dicho para que, por estas obras tan señaladas, se conozca algo de aquel tan grande piélago de bondad y misericordia de nuestro Salvador, la cual en estas obras tan claramente resplandece, pues (…) no podemos en esta vida conocer a Dios por Sí, sino por sus obras (…). Mas aquí también conviene avisar que nunca de tal manera nos transportemos en mirar la divina misericordia, que no nos acordemos de la justicia; ni de tal manera miremos la justicia, que no nos acordemos de la misericordia; porque ni la esperanza carezca de temor, ni el temor de la esperanza» (Vida de Jesucristo, 13).
