Reflexión sobre el Evangelio
«Nadie me la quita; yo la doy porque quiero»: Jesús explica ahora la libre voluntad con que se entrega a la muerte para bien de su rebaño (cfr Jn 6,51). Cristo, por haber recibido pleno poder, tiene libertad para ofrecerse en sacrificio expiatorio, y se somete voluntariamente al mandato de su Padre en un acto de perfecta obediencia.
«Nunca podremos acabar de entender esa libertad de Jesucristo, inmensa –infinita– como su amor. Pero el tesoro preciosísimo de su generoso holocausto nos debe mover a pensar: ¿por qué me has dejado, Señor, este privilegio, con el que soy capaz de seguir tus pasos, pero también de ofenderte? Llegamos así a calibrar el recto uso de la libertad si se dispone hacia el bien; y su equivocada orientación, cuando con esa facultad el hombre se olvida, se aparta del Amor de los amores» (San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 26).
