Reflexión sobre el Evangelio
El marco de la escena es frecuente en el evangelio. La actitud malintencionada de ciertos fariseos contrasta con la sencillez de la multitud que escucha con atención las enseñanzas. Cristo conoce la doblez de sus tentadores y por eso les pregunta qué «mandó» Moisés. Los fariseos saben que no existe tal mandato, y por eso contestan que Moisés «permitió» el libelo de repudio. Establecidas las condiciones del diálogo, Jesucristo explica que el verdadero mandato es el que Dios instituyó en el momento de la creación (Gn 2, 24): «El amor de los esposos exige, por su misma naturaleza, la unidad y la indisolubilidad de la comunidad de personas que abarca la vida entera de los esposos: “De manera que ya no son dos sino una sola carne” (Mt 19, 6). “Están llamados a crecer continuamente en su comunión a través de la fidelidad cotidiana a la promesa matrimonial de la recíproca donación total” (Juan Pablo II, Familiaris consortio 19). Esta comunión humana es confirmada, purificada y perfeccionada por la comunión en Jesucristo dada mediante el sacramento del matrimonio. Se profundiza por la vida de la fe común y por la Eucaristía recibida en común» (Catecismo de la Iglesia Católica 1644).
