Miércoles 29 de mayo

Reflexión sobre el Evangelio

«El que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor»: El ejemplo y las palabras del Señor son como un impulso para que todos sintamos la obligación de vivir el auténtico espíritu de servicio cristiano. Sólo el Hijo de Dios que bajó del Cielo y se sometió voluntariamente a las humillaciones (Belén, Nazaret, el Calvario, la Hostia Santísima), puede pedir al hombre que se haga el último, si quiere ser el primero. La Iglesia a lo largo de la historia continúa la misión de Cristo al servicio de los hombres: «Con la experiencia que tiene de la humanidad, la Iglesia, sin pretender de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados, ‘sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu Paráclito, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido’ (Gaudium et spes, n. 3) (…). Tomando parte en las mejores aspiraciones de los hombres y sufriendo al no verles satisfechos, desea ayudarles a conseguir su pleno desarrollo, y esto precisamente porque ella les propone lo que ella posee como propio: una visión global del hombre y de la humanidad» (Pablo VI, Enc. Populorum progression, n. 13).