Reflexión sobre el Evangelio
Los que interrogan al Señor son los mismos que, días antes, buscaban el modo de perderle (cfr. Mc 11,18). En ellos está representado el judaísmo oficial de la época. Jesús había dado ya pruebas y signos de su mesianidad por medio de los milagros y de su doctrina a lo largo del ministerio público. Además, San Juan Bautista había cumplido su misión de dar testimonio acerca de Jesús. Por esta causa, antes de dar la respuesta, Nuestro Señor les exige que reconozcan la verdad proclamada por el Precursor. Pero ellos no quieren aceptar la verdad, ni tampoco oponerse públicamente a ella por temor al pueblo. Ante esa conducta que no quiere rectificar era inútil toda nueva explicación de Jesús. Este episodio contiene una lección que será siempre actual: quien intente pedir cuentas a Dios, quedará confundido.
