Reflexión sobre el Evangelio
En esta parábola está compendiada de un modo impresionante la Historia de la Salvación. Jesús se sirve para exponer el misterio de su Muerte redentora de una de las más bellas alegorías del Antiguo Testamento: la llamada «canción de la viña», con la que Isaías profetizaba la ingratitud de Israel ante los favores de Dios. Jesús, sobre la base del texto de Isaías, nos revela la paciencia de Dios que manda uno tras otro a sus mensajeros, los profetas del Antiguo Testamento, para terminar enviando, dice el texto, a «su hijo amado» –el mismo Jesús–, al que matarán los viñadores. Esta expresión, con la que Dios Padre había designado a Cristo en el Bautismo y en la Transfiguración, indica la divinidad de Jesús, que es la piedra angular de la salvación, rechazada por los que edifican sobre su egoísmo y su soberbia. Para los judíos que escucharon esta parábola de labios de Jesús, el sentido les debió de parecer inequívoco. Los dirigentes de Israel, en efecto, «habían comprendido que la parábola iba dirigida a ellos», y constituía el cumplimiento de lo profetizado por Isaías.
