Martes 4 de junio

Reflexión sobre el Evangelio

Nuestro Señor asienta un principio permanente, que ha de guiar la actuación de los cristianos en la vida pública. La Iglesia reconoce la justa autonomía de las realidades terrenas, pero esto no quiere decir que no tenga la responsabilidad de iluminarlas con la luz del Evangelio. Los laicos, al colaborar codo a codo con los demás ciudadanos en el desarrollo de la sociedad, han de infundir un auténtico sentido cristiano: «Si el papel de la Jerarquía es el de enseñar a interpretar auténticamente los principios morales que hay que seguir en este terreno, a los seglares les corresponde, con su libre iniciativa, y sin esperar pasivamente consignas y directrices, penetrar de espíritu cristiano la mentalidad y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que viven. Los cambios son necesarios, las reformas profundas, indispensables: deben emplearse resueltamente e infundirles el espíritu evangélico» (Pablo VI, Enc. Populorum progressio, n. 81).

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