Sábado 8 de junio

Memoria del Inmaculado Corazón de María

Antífona de Entrada

Mi corazón se alegra con tu salvación, y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

Oración Colecta

Dios nuestro, tú que has preparado en el corazón de la Virgen María, una digna morada al Espíritu Santo, haz que nosotros, por intercesión de la Virgen, lleguemos a ser templos dignos de tu gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Cumple tu trabajo de evangelizador. Para mí ha llegado la hora del sacrificio y espero la corona merecida con que el Señor me premiará
Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a Timoteo 4, 1-8

Querido hermano: En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, te pido encarecidamente, por su advenimiento y por su Reino, que anuncies la palabra; insiste a tiempo y a destiempo; convence, reprende y exhorta con toda paciencia y sabiduría.

Porque vendrá un tiempo en que la gente no soportará la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se rodearán de maestros que les halaguen el oído; se harán sordos a la verdad y sólo escucharán las fábulas.

Tú, en cambio, sé siempre prudente, soporta los sufrimientos, cumple tu trabajo de evangelizador y desempeña a la perfección tu ministerio.

Para mí ha llegado la hora del sacrificio y se acerca el momento de mi partida. He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día, y no me solamente a mí, sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 70
Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

Mis labios no han cesado de alabarte y pregonan tu gloria todo el día. Señor, en la vejez no me rechaces ni me abandones, falto de energías.
Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

En ti, Señor, yo seguiré confiando, y más y más te alabará mi boca. Yo proclamaré siempre tu justicia y a todas horas tu misericordia.
Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

Tus hazañas, Señor, alabaré; diré a todos que sólo tú eres justo. Me enseñaste a alabarte desde niño y seguir alabándote es mi orgullo.
Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

La lealtad del Señor para conmigo celebrará mi arpa. Al santo de Israel, a ti, Dios mío, cantaré con mi guitarra.
Mi boca, Señor, anunciará siempre tu salvación.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de Dios.
Aleluya.

Evangelio

Esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles. Buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Ellos recibirán un castigo muy riguroso».

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba en ellas sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto se acercó una viuda pobre, y echó dos monedas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: «Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos; porque los demás han echado de lo que les sobraba, pero ella, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Mira, Señor, las oraciones y las ofrendas que tus fieles te presentan al conmemorar a santa María, Madre de Dios; haz que te sean agradables y nos alcancen el auxilio de tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.

Oración después de la Comunión

Ya que nos has concedido participar de la redención eterna, te rogamos, Señor, que, quienes celebramos la conmemoración de la Madre de tu Hijo, no sólo nos gloriemos de la plenitud de tu gracia, sino que experimentemos también un continuo aumento de salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.