Domingo 30 de junio

Reflexión sobre el Evangelio

Esta mujer padecía una enfermedad por la que estaba en impureza legal (Lev 15,25 ss.). Ningún medio humano había conseguido curarla; por el contrario, añade con realismo el Evangelio, la cosa había ido de mal en peor. A los sufrimientos físicos –ya doce años–, se añadía la vergüenza de sentirse inmunda según la Ley. En el pueblo judío se consideraba impura no solamente la mujer afectada de una enfermedad de este tipo, sino todo lo que ella tocaba. Por eso, para no ser notada por la gente, la hemorroísa se acercó a Jesús por detrás y tocó tan sólo su manto, por delicadeza. Su fe se enriquece por una manifestación de humildad: la conciencia de ser indigna de tocar al Señor.