Domingo 28 de julio

Meditación

La fidelidad en lo pequeño

I. El Señor muestra su magnificencia con el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces (Jn 6, 1-15), y cuando todos han comido cuanto quisieron, nos hace ver la necesidad de evitar el derroche inútil e irresponsable de los bienes y nos enseña el valor de las cosas pequeñas y de la pobreza cristiana: Recoged los trozos que han sobrado. La grandeza del alma de Cristo se manifiesta en los grandes prodigios y en lo poco de cada día. “La recogida de lo que sobró es un modo pedagógico de mostrarnos el valor de las cosas pequeñas hechas con amor de Dios: el orden de los detalles materiales, la limpieza, el acabar las tareas hasta el final” (Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA). Durante su vida en la tierra, vemos a Jesús bien atento a las situaciones humanas, y nos enseña a nosotros a santificar esas menudas realidades: estar en las cosas de los demás, estar en las cosas de la casa: no vivir en las nubes.

II. Es muy posible que se nos presenten pocas ocasiones de hacer un acto heroico. Toda nuestra vida está compuesta prácticamente de cosas que casi no tienen relieve. Las virtudes están formadas por una tupida red de actos que quizá no sobresalen de lo corriente y ordinario, pero en ellas, con heroísmo, se va forjando día a día la propia santidad: orden, puntualidad, el cuidado de los libros con los que estudiamos o los instrumentos con los que trabajamos, la afabilidad con nuestros colegas, con los miembros de nuestra familia, el darle sentido de trascendencia al mismo trabajo que hemos hecho por años. La vida se vuelve desamorada si permitimos que entre la rutina. A veces, lo más pequeño, como una sonrisa o un saludo amable, un favor insignificante, produce en los demás un bien desproporcionado. Cada día nos espera Cristo con las manos abiertas para recibir nuestras cosas pequeñas.

III. Las cosas pequeñas no suelen mover a la vanidad, que tantas obras deja vacías. ¿Quién aplaude a quien ha cedido el asiento en un camión o a quien ha dejado ordenados sus papeles y libros? ¿Quién le va a otorgar una medalla a una madre porque sonríe al final de la jornada, a una enfermera que trata con delicadeza a sus enfermos? Lo humano y lo divino se funden en una honda unidad de vida, que nos permite ganarnos poco a poco el Cielo con lo humano de cada jornada. El cuidado de lo pequeño alimenta de continuo nuestro amor a Dios. La Virgen nos enseñará a valorar lo pequeño hecho por amor a su Hijo.