Lunes 29 de julio

Memoria de santa Marta, hermana de María y Lázaro

Antífona de Entrada

Cuando entró Jesús en un poblado, una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa.

Oración Colecta

Dios todopoderoso y eterno, cuyo Hijo aceptó hospedarse en la casa de santa Marta, concédenos, por su intercesión, que sirviendo fielmente a Cristo en nuestros hermanos, merezcamos ser recibidos por ti en la mansión del cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Este pueblo será como este cinturón, que no sirve para nada
Lectura del libro del profeta Jeremías 13, 1-11

El Señor me dijo: «Ve a comprar un cinturón de lino y póntelo en la cintura; pero no lo metas en el agua». Compré el cinturón y me lo puse en la cintura, según la orden del Señor. Entonces el Señor me habló por segunda vez y me dijo: «Toma el cinturón que compraste y que llevas en la cintura; levántate y vete al río Eufrates, y escóndelo allí, en el agujero de una roca».

Fui y lo escondí en el Eufrates, según me había ordenado el Señor. Al cabo de mucho tiempo me dijo el Señor: «Levántate, vete al río Eufrates y recoge el cinturón que te mandé esconder allí».

Fui al Eufrates, escarbé y recogí el cinturón del sitio donde lo había escondido; pero el cinturón se había podrido: no servía para nada. Entonces el Señor me habló y me dijo: «Esto dice el Señor: Del mismo modo haré yo que se pudra la gran soberbia de Judá y de Jerusalén. Ese pueblo malvado que se ha negado a obedecerme, que se porta obstinadamente y ha seguido a otros dioses para servirlos y adorarlos, será como este cinturón, que ya no sirve para nada. Porque así como el cinturón va adherido al cuerpo, así quise llevar unidos a mí la casa de Israel y la casa de Judá, para que fueran mi pueblo, mi fama, mi gloria y mi honor; pero ellos no me escucharon».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Deuteronomio 32
Abandonaron a Dios que les dio la vida.

Abandonaron a Dios que los creó, y olvidaron al Señor que les dio la vida. Lo vio el Señor, y encolerizado rechazó a sus hijos e hijas.
Abandonaron a Dios que les dio la vida.

El Señor pensó: «Me les voy a esconder y voy a ver en qué acaban, porque son una generación depravada, unos hijos infieles.
Abandonaron a Dios que les dio la vida.

Ellos me han dado celos con un dios que no es Dios, y me han encolerizado con sus ídolos; yo también les voy a dar celos con un pueblo que no es pueblo, y los voy a encolerizar con una nación insensata».
Abandonaron a Dios que les dio la vida.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Aleluya.

Evangelio

Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
Lectura del santo Evangelio según san Juan 11, 19-27

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano Lázaro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas».

Jesús le dijo: «Tú hermano resucitará». Marta respondió: «Ya sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?» Ella le contestó: «Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Al proclamar, Señor, tu obra admirable en santa Marta, suplicamos humildemente a tu majestad que, así como te fue grato su amoroso obsequio, así también te sea aceptable el desempeño de nuestro servicio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Marta dijo a Jesús: Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

Oración después de la Comunión

Señor, que la santa comunión del Cuerpo y la Sangre de tu Unigénito, nos aleje de todas las cosas pasajeras, para que, a ejemplo de santa Marta, podamos crecer en la tierra en un auténtico amor a ti y gozar eternamente del cielo, contemplándote eternamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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