Martes 30 de julio

Reflexión sobre el Evangelio

La Iglesia, mientras camina en la tierra, está integrada por buenos y malos, por justos y pecadores. Todos vivirán entremezclados hasta el tiempo de la siega, el fin del mundo, cuando el Hijo del Hombre, Jesucristo, constituido Juez de vivos y muertos separará a los buenos de los malos en el Juicio Final: aquéllos para la gloria eterna –herencia exclusiva de los santos–; los malos, en cambio, para el fuego eterno del infierno. Aunque ahora los justos y pecadores permanecen juntos, asiste a la Iglesia el derecho y el deber de excluir a los escandalosos, especialmente a los que atentan contra su doctrina y unidad; lo puede hacer mediante la excomunión eclesiástica y las penas canónicas. Sin embargo, la excomunión tiene un fin medicinal y pastoral: la corrección del que se obstina en el error y la preservación de los demás.

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