Miércoles 31 de julio

Memoria de san Ignacio de Loyola, presbítero

Antífona de Entrada

Que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra, en los abismos, y que toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Oración Colecta

Dios nuestro, tú que encendiste en san Ignacio de Loyola un apasionado amor por tu Hijo y por tu Iglesia, concédenos por su intercesión un celo infatigable por la salvación de las almas y una fidelidad inquebrantable al Vicario de Cristo.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

¿Por qué mi dolor no acaba nunca? Si te vuelves a mí, seguirás a mi servicio
Lectura del libro del profeta Jeremías 15, 10.16-21

¡Ay de mí, madre mía! ¿Por qué me engendraste para que fuera objeto de pleitos y discordias en todo el país? A nadie debo dinero, ni me lo deben a mí, y sin embargo todos me maldicen. Siempre que oí tus palabras, Señor, las acepté con gusto; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo defendía tu causa, Señor, Dios de los ejércitos.

No me senté a reír con los que se divertían; forzado por tu mano, me sentaba aparte, porque me habías contagiado con tu propia ira. ¿Por qué mi dolor no acaba nunca, y mi herida, se ha vuelto incurable? ¿Acaso te has convertido para mí, Señor, en espejismo de aguas que no existen?

Entonces el Señor me respondió: «Si te vuelves a mí, yo haré que cambies de actitud, seguirás a mi servicio; si separas el metal precioso de la escoria, seguirás siendo mi profeta. Ellos cambiarán de actitud para contigo, no tú para con ellos. Yo te convertiré frente a este pueblo en una poderosa muralla de bronce: lucharán contra ti pero no podrán contigo, porque yo estaré a tu lado para librarte y defenderte, dice el Señor. Te libraré de las manos de los perversos, te rescataré de las manos de los poderosos».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 58
Me alegraré, Señor, por tu bondad.

Dios mío, líbrame de mis enemigos; protégeme de mis agresores, líbrame de los que hacen injusticias, sálvame de los hombres sanguinarios.
Me alegraré, Señor, por tu bondad.

Mira cómo se conjuran contra mí los poderosos y esperan el momento de matarme. Sin embargo, Señor, en mí no hay crimen ni pecado; sin culpa mía, avanzan contra mí para atacarme.
Me alegraré, Señor, por tu bondad.

En ti, Señor, tendré fijos los ojos, porque tú eres mi fuerza y mi refugio. El Dios de mi amor vendrá en mi ayuda y me hará ver la derrota de mis enemigos.
Me alegraré, Señor, por tu bondad.

Yo celebraré tu poder y desde la mañana me alegraré por tu bondad, porque has sido mi defensa y mi refugio en el día de la tribulación.
Me alegraré, Señor, por tu bondad.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
A ustedes los llamo amigos, dice el Señor, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.
Aleluya.

Evangelio

El que encuentra un tesoro en un campo, vende cuanto tiene y compra aquel campo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-46

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos y por intercesión de san Ignacio de Loyola, concédenos que este sacrificio, fuente de toda santidad, nos santifique también a nosotros.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

He venido a traer fuego a la tierra, y cuánto desearía que ya estuviese ardiendo, dice el Señor.

Oración después de la Comunión

Que esta Eucaristía, que te hemos ofrecido en la festividad de san Ignacio de Loyola, nos dé tu gracia, Señor, para buscar en todo tu mayor gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.