Domingo 8 de septiembre

Reflexión sobre el Evangelio

En el milagro del sordomudo podemos encontrar además una imagen de la actuación de Dios en las almas: para creer es necesario que Dios abra nuestro corazón a fin de que podamos escuchar su palabra. Después, como los Apóstoles, podremos anunciar con nuestra lengua las grandezas divinas (cfr Hch 2,11). En la Liturgia de la Iglesia el Espíritu Santo es comparado al dedo de la diestra de Dios Padre. El Consolador realiza en nuestras almas, en el orden sobrenatural, efectos comparables a los que Cristo ha realizado en el cuerpo del sordomudo.