Memoria de san Francisco de Asís, Religioso
Antífona de Entrada
Francisco, el hombre de Dios, dejó su casa, abandonó su herencia y se hizo pobre y desvalido; pero el Señor se hizo cargo de él.
Oración Colecta
Dios nuestro, que otorgaste a san Francisco de Asís la gracia de seguir gozosamente a Cristo en una vida de pobreza y humildad, haz que, a ejemplo suyo, nuestra preocupación esencial en esta tierra sea la de amar y seguir a tu Hijo, Jesucristo, que vive y reina contigo.
Amén.
Primera Lectura
¿Alguna vez en tu vida le has dado órdenes a la mañana o has llegado hasta donde nace el mar?
Lectura del libro de Job 38, 1.12-21; 40, 3-5
El Señor le habló a Job desde el seno de la tormenta, y le dijo: «¿Alguna vez en tu vida le has dado órdenes a la mañana o le has señalado su lugar a la aurora, para que agarre la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados; para que ponga de relieve sus contornos y la tiña de colores como la ropa; para que prive de la luz a los malvados y acabe con el poder del criminal? ¿Has llegado hasta dónde nace el mar o te has paseado por el fondo del océano? ¿Se te han franqueado las puertas de la Muerte o has visto los portones del país de las Sombras? ¿Has calculado la anchura de la tierra? Dímelo, si lo sabes todo. ¿Sabes en dónde vive la luz y dónde habitan las tinieblas? ¿Podrías conducirlas a su país o enseñarles el camino de su casa? Si lo sabes, es que para entonces tú ya habrías nacido y el número de tus años sería incontable».
Job le respondió al Señor: «He hablado a la ligera, ¿qué puedo responder? Me taparé la boca con la mano; he estado hablando y ya no insistiré más; ya no volveré a hablar».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 138
Condúceme, Señor, por tu camino.
Tú me conoces, Señor, profundamente: tú conoces cuándo me siento y me levanto, desde lejos sabes mis pensamientos, tú observas mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
Condúceme, Señor, por tu camino.
Apenas la palabra está en mi boca, y ya, Señor, te la sabes completa. Me envuelves por todas partes y tienes puestas sobre mí tu mano. Esta es una ciencia es misteriosa para mí, tan sublime, que no la alcanzo.
Condúceme, Señor, por tu camino.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: «No endurezcan su corazón».
Aleluya.
Evangelio
El que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 13-16
En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, vestidas de luto y sentadas sobre ceniza. Por eso, el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaum, ¿crees que serás elevada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo».
Luego, Jesús dijo a sus discípulos: «El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor, nuestros dones y prepáranos a celebrar el memorial de la pasión de tu Hijo, que tan honda huella dejó en el alma y en el cuerpo de san Francisco.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Antífona de la Comunión
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Oración después de la Comunión
Señor, que esta sagrada comunión nos haga amar profundamente a Cristo y a los hombres para que, a ejemplo de san Francisco de Asís, procuremos sin cesar el bien de nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
