Reflexión sobre el Evangelio
El relato evangélico refleja una espontaneidad y una viveza que enamora al lector y que cabe relacionar con la figura de San Pedro, a quien Marcos se lo oirá contar. Es una de las pocas ocasiones en que se dice en los Santos Evangelios que Cristo se enfadó. La causa fue la intolerancia de los discípulos, que entendían inoportuna la pretensión de quienes presentaban a los niños para que el Señor los bendijese, como una pérdida de tiempo y una circunstancia enojosa para el Maestro: Cristo tiene cosas más graves en que pensar como para ocuparse de estos críos, pudieran haber pensado. La conducta de los discípulos no es malintencionada; simplemente se dejan llevar por criterios humanos, queriendo evitar un fastidio al Señor. No han calado en lo que les ha dicho poco antes: «El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió» (Mc 9,37).
