Reflexión sobre el Evangelio
Nuestra actitud ha de ser la del Señor: servir a Dios y a los demás con visión netamente sobrenatural, sin esperar nada a cambio de nuestro servicio; servir incluso al que no agradece el servicio que se le presta. Esta actitud cristiana chocará sin duda con los criterios humanos. Sin embargo, el «orgullo» del cristiano, identificado con Cristo, consistirá precisamente en servir. Sirviendo a los demás el cristiano participa de la misión de Cristo y alcanza así su verdadera dignidad: «Esta dignidad se expresa en la disponibilidad para servir, según el ejemplo de Cristo, que ‘no ha venido a ser servido, sino a servir’. Si, por consiguiente, a la luz de esta actitud de Cristo se puede verdaderamente ‘reinar’ sólo ‘sirviendo’, a la vez, el ‘servir’ exige tal madurez espiritual que es necesario definirla como el ‘reinar’. Para poder servir digna y eficazmente a los otros, hay que saber dominarse, es necesario poseer las virtudes que hacen posible tal dominio» (Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis, n. 21).
