Viernes 17 de enero

Memoria de san Antonio, Abad

Antífona de Entrada

El justo florecerá como palmera, y se multiplicará como cedro del Líbano, plantado en la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Oración Colecta

Señor Dios, que otorgaste a san Antonio, abad, el don de servirte en el desierto con una vida admirable, concédenos, por su intercesión, que, negándonos a nosotros mismos, te amemos siempre sobre todas las cosas.
Por nuestro Señor Jesucristo…
Amén.

Primera Lectura

Apresurémonos a entrar en el descanso del Señor
Lectura de la carta a los Hebreos 4, 1-5. 11

Hermanos: Mientras está en pie la promesa de entrar en el descanso de Dios, tengamos cuidado, no sea que alguno se quede fuera. Porque a nosotros también se nos ha anunciado este mensaje de salvación, lo mismo que a los israelitas en el desierto; pero a ellos no les sirvió de nada oírlo, porque no lo recibieron con fe. En cambio, nosotros, que hemos creído, ciertamente entraremos en aquel descanso, al que se refería el Señor, cuando dijo: ‘Por eso juré en mi cólera que no entrarían en mi descanso’.

Los trabajos de Dios terminaron con la creación del mundo, ya que al hablar del séptimo día, la Escritura dice que ‘Dios descansó de todos sus trabajos el día séptimo’; y en el pasaje de que estamos hablando, afirma que ‘no entrarían en su descanso’. Apresurémonos, pues, a entrar en ese descanso; no sea que alguno caiga en la infidelidad, como les sucedió a los israelitas.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 77
No olvidemos las hazañas del Señor.

Cuanto hemos escuchado y conocemos el poder del Señor y de su gloria, cuanto nos han narrado nuestros padres, nuestros hijos lo oirán de nuestra boca.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Que ellos también lo cuenten a sus hijos para que en Dios coloquen su esperanza, cumplan los mandamientos del Señor y no echen al olvido sus hazañas.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Que no vayan a ser como sus padres, generación rebelde y obstinada, inconstante de corazón e infiel a Dios, de alma.
No olvidemos las hazañas del Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
Aleluya.

Evangelio

El Hijo del Hombre tiene poder para perdonar los pecados
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12

Cuando Jesús volvió a Cafarnaum, corrió la voz de que estaba en casa. Y muy pronto se aglomeró tanta gente que ya no había sitio frente a la puerta; mientras, Él enseñaba su doctrina. Y le quisieron presentar a un paralítico que iban cargando entre cuatro; pero, como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo encima de donde estaba Jesús y, por el agujero, bajaron al enfermo en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te quedan perdonados». Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: «¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?» Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: «¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘tus pecados te son perdonados’, o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados (le dijo al paralítico): «Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa».

El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: «¡Nunca habíamos visto cosa igual!»
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas de nuestro servicio, que presentamos en tu altar en la conmemoración de san Antonio, y concédenos que, libres de las ataduras de este mundo, seas tú nuestra única riqueza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Antífona de la Comunión

Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y sígueme, dice el Señor.

Oración después de la Comunión

Alimentados con el sacramento de la salvación, concédenos, Dios nuestro, que siempre superemos todas las insidias del enemigo, tú que concediste a san Antonio lograr tan ilustres victorias contra el poder de las tinieblas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

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